Ganador de dos Goya (Tambiñen la lluvia y Ocho apellidos vascos), el actor vitoriano se pone en la piel de Manolo, el suegro ficticio de Ramón, un enfermo de esclerosis múltiple que decidió competir un triatlón.
¿Fue un reto participar en 100 metros, película sobre el reto de un enfermo con esclerosis múltiple?
Siempre que haces algo que está basado en hechos reales te pones una gabardina de pulcritud, de tener cuidado y ser sensible. Ahora bien, no era el caso que más me afectaba a mí, porque no interpreto a Ramón ni a Inma, que sí son personajes reales. Hice una especia de mezcla entre Azkargorta y Luis Aragonés y luego le puse el punto rondinarie, el vinagre, la sal y lo que hiciese falta. Ha sido una película muy bonita de hacer. ¿Reto? Pues dentro de que es una ficción está basada en hechos reales y no tenemos toda libertad de acción, pero mi personaje es de la parte ficcionada del relato. Marcel creyó que si el entrenador era el suegro daría más juego.
Y como Dani Rovira y tú ya estáis acostumbrados a esta relación en la gran pantalla...
Sí, pero la relación entre Dani y yo es mucho más. Aunque él fuera el padre y yo el hijo, me sentiría igual de cómodo currando con él, lo quiero mucho y es muy buen actor. El público se llevará una gran sorpresa. También fliparán con Alexandra Jiménez, es una actriz como la copa de un pino. Y toda la tropa de actores catalanes está descomunal: Clara Segura en un papel breve tiene una presencia y le da una verdad a su personaje...
¿Tu Manolo es quizás el personaje con una evolución mayor a lo largo del film?
Mi personaje experimenta una interesante evolución con respecto a la relación con su yerno, Ramón, y descubrimos nuevas caras de él. Lo bonito del cine es que si te dan un papel de 7'2 no lo dejes en 7'2, sino que evolucione. Mi Manolo es un personaje muy agradecido porque tiene unas curvas muy bonitas con momentos de drama, de humor y de verdadera mala ostia.
¿Para ser entrenador no tuviste preparación física?
¡Qué cojones, si soy un barrigas! (risas) No he ganado ninguna etapa del Tour. El que sufrió fue Dani, hiciese frío o calor ahí estaba rodando, montado en bici... Dani es todo un atleta, pero yo ya no puedo pegarme esos esfuerzos.
Quizás no 100 metros, sino unos cuantos más, ¿pero tu filmografía ha sido una carrera de fondo con el punto de inflexión del Goya por También la lluvia?
Esto es una tómbola, yo llevo siendo el mismo actor desde siempre, antes y después de Ocho apellidos vascos. Todo lo que me está pasando ahora probablemente no me lo merezca como tampoco antes merecía todo lo malo que me estaba pasando, si es que me estaba pasando algo malo. No me puedo quejar, porque tengo unas 50 películas a mis espaldas y casi la mitad con papel protagonista.
¿El reconocimiento del gran público sí llego pues con ese punto de inflexión del Goya y el éxito de los Ocho apellidos vascos?
Pero no es ese el que más te apetece. Te dicen que les gusta tu trabajo y les preguntas cual de ellas y la mayoría dicen Ocho apellidos vascos. He hecho muchas cosas antes y muchas después. En los actores hay una cosa y es que a medida que vas cumpliendo años te despreocupas un poco más y destrascendentalizas esta profesión, lo cierto es que te atemperas y la edad me está ayudando, me viene un poco el juicio. De hecho, ahora las cosas me están saliendo mejor, lo digo sin ningún tipo de cinismo. Últimamente me están saliendo las cosas bien.
Son los frutos de una carrera de fondo.
Si me hicieses una radiografía de hace 25 años verías que cuando preparaba un personaje me preocupaba qué hacer, por ejemplo, con la mano izquierda o cómo llevar una bolsa. A día de hoy, no sé que hacen mis manos, lo que hago es sentir el personaje y hacer que se desenvuelva.
¿Aunque tu personaje no esté inspirado en la realidad, hablaste con los Ramón e Inma verdaderos?
Los conocí porque hablaban con Dani y Alexandra, pero no trabajé con ellos. No me documenté, nunca he sido de esos actores que se si hacen de policía van a una comisaría a ver cómo trabajan. ¿Porque si un día me toca hacer de un pederasta, pediré un niño de 12 años? ¡Es una tontería! Además, todos tenemos un imaginario de lo que es un entrenador físico al uso y no me tocaba hacer nada más. Por otra parte, lo difícil de mi papel es interpretar los momentos tensos con mi hija, de desazón, de ira. Esto se soluciona durante el día a día, no puedes hacer un esquema de cómo hacerlo.
¿Qué es lo que más te cautivó cuando leíste el guión?
La historia en sí misma, que me parecía irreal hasta que Marcel (Barrena, el director) me dijo que era verdad. Además mi personaje era tan agradecido con tantos valores cromáticos y por moverse en espacios distintos que era imposible no sumarse al proyecto.
Llegados a este punto: con las más de 50 películas en que has participado y el reconocimiento del público, ¿qué papeles te gustaría interpretar?
Con el tiempo siempre he pensado que haría un buen quijote, es un personaje difícil de interpretar peor creo que no me daría demasiadas dificultades. Siempre he querido hacerlo. Un día espero que me llegue la oportunidad y sino ya me lo escribiré yo mismo (risas).
Los dos últimos años, parece que la industria del cine español remonta. Pese a esa leve subida, ¿te sientes afortunado por estrenar uno o dos títulos al año?
La situación de la industria me da igual, me siento afortunado. Aunque estuviésemos peor que nunca, porque ya es algo endémico, de hecho, a veces te preguntas: "¿Ha estado alguna vez bien esta profesión?". Siempre hago la misma reflexión: el día son 24 horas, divididas en tres partes de ocho horas, unas para dormir, otras nos prostituimos para poder vivir lo mejor que podemos las otras ocho. Si haces un retrato robot de 100 personas, la mayoría se queja de volver el lunes a trabajar y, en cambio, mi trabajo me apasiona. Tengo doble vida, vaya bien o vaya mal la industria. Nunca he querido ser famoso o popular, quiero ser prestigioso; me da igual ser lampista o mecánico, quiero ser el mejor lampista del barrio. Tengo una enorme suerte: toda mi vida disfruto tanto con la parte del trabajo y la de vivir. Estoy encantado con esta profesión.
¿Qué papeles te han marcado más a lo largo de tu trayectoria?
Muchos, muchos. La madre muerta que es el primer protagonista, Airbag cuyo primer guión es mío, También la lluvia. De las últimas, A esmorga, que la rodé toda en gallego y pasó muy desapercibida. Es un peliculón: hay muchas grandes películas que pasan sin pena ni gloria como para que siempre te destaquen los Ocho apellidos vascos. Cuando hice la primera llevaba 44 películas y la gente no me conocía. Llevo toda mi vida dedicado al teatro y al cine y ahora no puede ser que me rebasé Ocho apellidos vascos o que Koldo supere a Karra, por eso digo de no hacer la tercera.
¿Dirías no a la hipotética Ocho apellidos gallegos o cualquier nueva secuela?
Claramente, no. El reto para mí es la construcción del personaje, Koldo ya está hecho, repetirlo es para llenar el bolsillo. Por el mismo precio hago otra cosa. La gracia es no repetirse.
Alain Garido.
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